Retratos de una constelación- LO
LO
de Carolina Herman. Última función Sábado 14/6/08 a las 18hs. Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730)
Redactor invitado: Héctor E. Monteserin
¿Porque Lo? Ni La, ni El, ni Ella, ni Yo, ni Le. Lo, neutro. En nuestra lengua que no posee artículo neutro ésta partícula significante se torna particularmente inaprensible para una significación. Ni femenino ni masculino, ni persona ni objeto, ni tiempo ni lugar, significante suspendido de significación. Oscilación, vibración y por ello oportunidad de la lengua. Y del sentido en general.
También uno podría preguntarse, porque sólo una suspensión momentánea «del reflejo de asimilar el mundo en los esquemas habituales de significación.»
Es que si bien Lo se enfrenta a las operaciones de clausura del sentido, no lo hace con la estrechez de la posición tomada. Se trata más bien de un tránsito, de cursar entre clásicas oposiciones (hombre-máquina, hombre-animal, vivo-muerto, cuerpo-alma) dándoles un toque, haciendo que el correr del sentido se ocupe de patentizar el absurdo de toda fijeza. No se pretende traer a escena la definitiva verdad, aquella que nombraría qué acontece más allá de los esquemas habituales de significación. Pero tampoco es una simple o elegante evasión del problema, por el contrario se trata de una precavida lucidez de saber que tales esquemas, preciadas o nefastas herencias de una larga tradición, uno no se los saca como quien se saca una mochila.
Pero una suspensión es ya una grieta, es ya un espaciamiento, una apertura, un cambio de ritmo, una ex-posición a otra cosa. De aquí que si hubo suspensión, ya no podremos saber que es lo que vuelve luego de ella. Ésta es la astucia de la suspensión momentánea. Es sólo una suspensión y sólo momentánea, pero si por un momento acontece algo como una suspensión, ya no hay vuelta atrás. O quizá si, pero una recaída más necia, más cerrada, más rígida, esclerótica, torpe, evidente, postrada. Un poco más fuera del juego.
Leemos nuevamente «suspensión momentánea del reflejo de asimilar el mundo en los esquemas habituales de significación.»Y preguntamos nuevamente, ¿pero porque tendría que haber asimilación en absoluto?
La asimilación remite habitualmente a un procesamiento de materiales por parte de determinado aparato o sistema dirigido por un centro de mando o cabeza. A esta avanzada del sistema sobre un exterior, si es interpretada con valencia positiva, se hablará de alimentación. Si se lo hace con valencia negativa, se tratará de un intento de disolución de elementos considerados amenazantes. Sea respecto de procesos que se desarrollan a nivel corporal a través del sistema digestivo o inmunológico, a nivel psicológico cognitivo, o sea respecto de estrategias militares o de procesos culturales, siempre se trata de una integración disolutiva de lo percibido como extraño. En última instancia asimilación es la transformación de cuerpos extraños en combustible para el propio. Término que implica también la trascendencia o imperturbabilidad del aparato que al determinar anticipadamente el proceso técnico por el cuál se incorporaran tal o tales cuerpos, lo mantiene inmune a cambios importantes sobre sí. Conexión técnica con otros cuerpos de la cual resulta no solo mi imperturbabilidad sino mi fuerza o vigor. ¿No es éste un pregnante y ocultamente buscado cínico ideal de convivialidad?
No es un detalle que el cuerpo que vemos en Lo no tenga cabeza, o si la tiene no se diferencia de un muñón natural y agujereado. Terminación curva del cuerpo cuya histórica preeminencia ha sido suspendida. La soberanía en suspenso. El sistema desarticulado. Todo puede ocurrir. Sin embargo no ocurre ninguna guerra civil. Quizá rebeliones intestinas, pero de exploración, de mestizaje, de repliegues, reposicionamientos híbridos entre animal y hombre, entre hombre y máquina, entre lagarto y ángel, devenires de araña, pulpo, cristal, ciervo, hierro, fantasma y bailarina, homúnculo, circuito integrado, bañista, sapo y sombra al fin.
Redactor invitado: Héctor E. Monteserin
¿Porque Lo? Ni La, ni El, ni Ella, ni Yo, ni Le. Lo, neutro. En nuestra lengua que no posee artículo neutro ésta partícula significante se torna particularmente inaprensible para una significación. Ni femenino ni masculino, ni persona ni objeto, ni tiempo ni lugar, significante suspendido de significación. Oscilación, vibración y por ello oportunidad de la lengua. Y del sentido en general.
También uno podría preguntarse, porque sólo una suspensión momentánea «del reflejo de asimilar el mundo en los esquemas habituales de significación.»
Es que si bien Lo se enfrenta a las operaciones de clausura del sentido, no lo hace con la estrechez de la posición tomada. Se trata más bien de un tránsito, de cursar entre clásicas oposiciones (hombre-máquina, hombre-animal, vivo-muerto, cuerpo-alma) dándoles un toque, haciendo que el correr del sentido se ocupe de patentizar el absurdo de toda fijeza. No se pretende traer a escena la definitiva verdad, aquella que nombraría qué acontece más allá de los esquemas habituales de significación. Pero tampoco es una simple o elegante evasión del problema, por el contrario se trata de una precavida lucidez de saber que tales esquemas, preciadas o nefastas herencias de una larga tradición, uno no se los saca como quien se saca una mochila.
Pero una suspensión es ya una grieta, es ya un espaciamiento, una apertura, un cambio de ritmo, una ex-posición a otra cosa. De aquí que si hubo suspensión, ya no podremos saber que es lo que vuelve luego de ella. Ésta es la astucia de la suspensión momentánea. Es sólo una suspensión y sólo momentánea, pero si por un momento acontece algo como una suspensión, ya no hay vuelta atrás. O quizá si, pero una recaída más necia, más cerrada, más rígida, esclerótica, torpe, evidente, postrada. Un poco más fuera del juego.
Leemos nuevamente «suspensión momentánea del reflejo de asimilar el mundo en los esquemas habituales de significación.»Y preguntamos nuevamente, ¿pero porque tendría que haber asimilación en absoluto?
La asimilación remite habitualmente a un procesamiento de materiales por parte de determinado aparato o sistema dirigido por un centro de mando o cabeza. A esta avanzada del sistema sobre un exterior, si es interpretada con valencia positiva, se hablará de alimentación. Si se lo hace con valencia negativa, se tratará de un intento de disolución de elementos considerados amenazantes. Sea respecto de procesos que se desarrollan a nivel corporal a través del sistema digestivo o inmunológico, a nivel psicológico cognitivo, o sea respecto de estrategias militares o de procesos culturales, siempre se trata de una integración disolutiva de lo percibido como extraño. En última instancia asimilación es la transformación de cuerpos extraños en combustible para el propio. Término que implica también la trascendencia o imperturbabilidad del aparato que al determinar anticipadamente el proceso técnico por el cuál se incorporaran tal o tales cuerpos, lo mantiene inmune a cambios importantes sobre sí. Conexión técnica con otros cuerpos de la cual resulta no solo mi imperturbabilidad sino mi fuerza o vigor. ¿No es éste un pregnante y ocultamente buscado cínico ideal de convivialidad?
No es un detalle que el cuerpo que vemos en Lo no tenga cabeza, o si la tiene no se diferencia de un muñón natural y agujereado. Terminación curva del cuerpo cuya histórica preeminencia ha sido suspendida. La soberanía en suspenso. El sistema desarticulado. Todo puede ocurrir. Sin embargo no ocurre ninguna guerra civil. Quizá rebeliones intestinas, pero de exploración, de mestizaje, de repliegues, reposicionamientos híbridos entre animal y hombre, entre hombre y máquina, entre lagarto y ángel, devenires de araña, pulpo, cristal, ciervo, hierro, fantasma y bailarina, homúnculo, circuito integrado, bañista, sapo y sombra al fin.
fotos: pablo méndez





No hay comentarios.:
Publicar un comentario